Hoy en particular me desperté con una ambivalencia más marcada de lo habitual. No soy terrorista porque me cuesta trabajo apostar por voliciones fuera de mí. Escribo desde el desierto. Donde sólo nos observa el sol y el crimen. Hoy moví a un gatito bebé agonizante a la orilla de la avenida pero no puedo decir que lo haya rescatado, sólo que prolongué su muerte. Lo miré a los ojos. Lo escuché maullar. Lo recosté a la sombra en una banqueta y seguí mi camino. Al menos en mi cuerpo lo sublime del acontecimiento se encuentra anclado a la profundidad eterna del vacío.
Hoy los detesto a todos. Me dan asco. Son unas putas. Todos ustedes. Estoy transcribiendo a mano el capítulo completo de Mil Mesetas Micropolítica y segmentaridad, porque espero no detestarlos a todos para siempre. Porque detesto la imbecilidad y hacer actos imbéciles como este me parece lo más próximo a una propuesta. Porque transcribir un texto ajeno es placer. Porque leer no es suficiente. Porque estamos a favor de la pirateria, y que las ideas circulen, porque para eso existen, más allá del mercado, con todo el respeto que se merecen D&G, y su respectivo traductor al español, José Vazquez Pérez, y la editorial Pre-textos -Pero sólo si respetan mi causa, o lo que sea que esté haciendo-. De lo contrario, retiro lo dicho y sólo adjunto el línk del capítulo que estoy transcribiendo en tiempo real, porque si el fin del mundo aconteciera ahora mismo, también lo veríamos en streaming. Claramente tenía menos de tres meses en el mundo, los ojos azules y la espalda destrozada, cuando regresé por él para llevarlo a sacrificar ya no estaba. No iba a sobrevivir. Espero a donde vaya no exista el asfalto. En este mundo la incertidumbre es un sentimiento mayormente triste pero sobretodo productivo.
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