Recuerdos de un spinozista, II.

Nota del usurpador: fragmento kobe, fino para fumarse sabroso y darse una encharcada conceptual de lo que el sistema de Spinoza puede ofrecer, por supuesto, pasado a través de los ojos de la máquina de guerra Deleuze and Guattari. Básicamente, principios fundamentales para establecer el mapa de un cómo.

Fuente: fragmento extraído de Mil Mesetas, capítulo 10. Devenir Intenso, Devenir Animal, Devenir Imperceptible… p, 335 en edición PRE-TEXTOS. Fuck APA.

Recuerdos de un spinozista, II. — En Spinoza hay otro aspecto. A cada relación de movimiento y de reposo, de velocidad y de lentitud, que agrupa una infinidad de partes, corresponde un grado de potencia. A las relaciones que componen un individuo, que lo descomponen o lo modifican, corresponden intensidades que lo afectan, aumentan o disminuyen su potencia de acción, que proceden de las partes exteriores o de sus propias partes. Los afectos son devenires. Spinoza pregunta: ¿qué puede un cuerpo? Se llamará latitud de un cuerpo a los afectos de los que es capaz según tal grado de potencia, o más bien según los límites de ese grado. La latitud está compuesta de partes intensivas bajo una capacidad, de la misma manera que la longitud está compuesta de partes extensivas bajo una relación. Del mismo modo que se evitaba definir un cuerpo por sus órganos y sus funciones, también hay que evitar definirlo por caracteres Especie o Género: se intenta contar sus afectos. A ese estudio se llama ―etología‖, y en ese sentido Spinoza escribe una verdadera Ética. Hay más diferencias entre un caballo de carrera y un caballo de labranza que entre un caballo de labranza un buey. Cuando Von Uexküll define los mundos animales busca los afectos activos y pasivos de los que es capaz el animal, en un agenciamiento individuado del que forma parte. Por ejemplo la Garrapata, atraída por la luz, se iza hasta la punta de una rama; sensible al olor de un mamífero, se deja caer sobre él cuando éste pasa bajo la rama; por último, se hunde bajo la piel, en la zona menos peluda posible. Tres afectos nada más, el resto del tiempo la garrapata duerme, a veces durante años, indiferente a todo lo que sucede en el inmenso bosque. Su grado de potencia está perfectamente comprendido entre dos límites, el límite óptimo de su festín tras el cual muere, el límite pésimo de su espera durante la cual ayuna. Se dirá que los tres afectos de la garrapata suponen ya caracteres específicos y genéricos, órganos y funciones, patas y trompas. Eso es cierto desde el punto de vista de la fisiología, pero no desde el punto de vista de la Etica, en la que los caracteres orgánicos derivan, por el contrario, de la longitud y de sus relaciones, de la latitud y de sus grados. Nada sabemos de un cuerpo mientras no sepamos lo que puede, es decir, cuáles son sus afectos, cómo pueden o no componerse con otros afectos, con los afectos de otro cuerpo, ya sea para destruirlo o ser destruido por él, ya sea para intercambiar con él acciones y pasiones, ya sea para componer con él un cuerpo más potente. Una vez más se recurrirá a los niños. Se señalará cómo hablan de los animales, y al hacerlo se emocionan. Hacen una lista de afectos. El caballo del pequeño Hans no es representativo, sino afectivo. No es el miembro de una especie, sino un elemento o un individuo en un agenciamiento maquínico: caballo de tiro-ómnibus-calle. Se define por una lista de afectos, activos y pasivos, en función de ese agenciamiento individuado del que forma parte: tener los ojos tapados por orejeras, tener un freno y bridas, ser noble, tener un gran hace-pipí, tirar de pesadas cargas, ser fustigado, caer, armar ruido con sus patas, morder…, etc. Estos afectos circulan y se transforman en el seno del agenciamiento: lo que ―puede‖ un caballo. Tienen claramente un límite óptimo o máximo de la potencia-caballo, pero también un umbral pésimo: ¡un caballo cae en la calle!, y no puede levantarse a causa de la carga demasiado pesada y de los fustazos demasiado fuertes; ¡un caballo va a morir! —espectáculo ordinario en otra época (Nietzsche, Dostoievsky, Nijinsky lloran por ello). En ese caso, ¿qué es el devenir-caballo del pequeño Hans? También Hans está atrapado en un agenciamiento, la cama de su mamá, el elemento paterno, la casa, el café de enfrente, el almacén vecino, la calle, el derecho a la calle, la conquista de ese derecho, la nobleza, pero también los riesgos de esa conquista, la caída, la vergüenza… No son fantasmas o ensoñaciones subjetivas: no se trata de imitar al caballo, de ―hacer‖ el caballo, de identificarse con él, ni siquiera de tener hacia él sentimientos de piedad o de simpatía. Tampoco se trata de un asunto de analogía objetiva entre los agenciamientos. Se trata de saber si el pequeño Hans puede dar a sus propios elementos relaciones de movimiento y de reposo, afectos, que le hace devenir-caballo, independientemente de las formas y de los sujetos. ¿Existe un agenciamiento todavía desconocido que no sería ni el de Hans ni el del caballo, sino el del devenir-caballo de Hans, y en el que el caballo, por ejemplo, enseñaría los dientes, sin perjuicio de que Hans enseñe otra cosa, sus pies, sus piernas, su hace-pipí, cualquier cosa? Y, ¿en qué medida el problema de Hans avanzaría, en qué medida se abriría una salida anteriormente obstruida? Cuando Hofmannsthal contempla la agonía de un ratón, es en él donde el animal ―muestra los dientes al destino monstruoso‖. Y no es un sentimiento de piedad, precisa Hofmannsthal, y menos aún una identificación, es una composición de velocidades y de afectos entre individuos completamente diferentes, simbiosis, que hace que el ratón devenga un pensamiento en el hombre, un pensamiento febril, al mismo tiempo que el hombre deviene ratón, ratón que rechina los dientes y agoniza. El ratón y el hombre no son en modo alguna la misma cosa, pero el Ser se dice de los dos en uno sólo y mismo sentido en una lengua que ya no es la de las palabras, en una materia que ya no es la de las formas, en una afectibilidad que ya no es la de los sujetos. Participación contra natura, pero precisamente el plan de composición, el plan de Naturaleza, está a favor de tales participaciones, que no cesan de hacer y de deshacer sus agenciamientos empleando para ello todos los artificios. No es ni una analogía, ni una imaginación, sino una composición de velocidades y de afectos en ese plan de consistencia: un plan, un programa o más bien un diagrama, un problema, una pregunta-máquina. En un texto realmente extraño, Vladimir Slepiam plantea el ―problema‖: tengo hambre, siempre tengo hambre, un hombre no debe tener hambre, debo, pues, devenir perro, pero ¿cómo? No se tratará ni de imitar al perro ni de una analogía de relaciones. Tengo que conseguir dar a las partes de mi cuerpo relaciones de velocidad y de lentitud que lo hagan devenir perro, en un agenciamiento original que no procede por semejanza o por analogía. Pues no puedo devenir perro sin que el perro no devenga a su vez otra cosa. Para resolver el problema, a Slepiam se le ocurre utilizar unos zapatos, el artificio de los zapatos. Si mis manos son unos zapatos, sus elementos entrarán en una nueva relación de la que derivan el afecto o el devenir buscados. Pero, ¿cómo podría anudar el zapato de mi segunda mano si tengo la primera ocupada? Con mi boca, que su vez está investida en el agenciamiento, y que deviene hocico de perro en la medida en que el hocico de perro sirve ahora para atar mi zapato. En cada etapa del problema, no hay que comparar órganos, sino poner elementos o materiales en una relación que arranca al órgano de su especificidad para hacerlo devenir ―con‖ el otro. Pero el devenir, que ya afecta a los pies, las manos, la boca, va a fracasar a pesar de todo. Fracasa en la cola. Habría que haber investido la cola, forzarla a liberar elementos comunes al órgano sexual y al apéndice caudal, para que el primero sea incluido en el devenir-perro del hombre, al mismo tiempo que el segundo, en un devenir del perro, en otro devenir que formaría parte del agenciamiento. El plan fracasa, Slepiam no lo consigue en ese punto. La cola sigue siendo, en ambas partes, órgano del hombre y apéndice del perro, que no componen sus relaciones en el nuevo agenciamiento. Ahí es donde surge la deriva psicoanalítica, y donde reaparecen todos los clichés sobre la cola, la madre, el recuerdo de infancia en el que la madre enhebraba unas agujas, todas las figuras concretas y las analogías simbólicas (22). Así lo quiere Slepiam, en ese hermoso texto. Pues hay una manera en la que el fracaso del plan forma parte del propio plan: el plan es infinito, podéis comenzarlo de mil maneras, siempre encontraréis algo que llega demasiado tarde o demasiado pronto, y que os obliga a recomponer todas vuestras relaciones de velocidad y de lentitud, todos vuestros afectos, a modificar el conjunto del agenciamiento. Empresa infinita. Pero también el plan tiene otra manera de fracasar; en este caso, porque otro plan reaparece con fuerza e interrumpe el devenir animal, replegando al animal sobre el animal y al hombre sobre el hombre, reconociendo únicamente semejanzas entre elementos y analogías entre relaciones. Slepiam afronta los dos riesgos. Nosotros queremos decir algo muy simple sobre el psicoanálisis: el psicoanálisis ha encontrado con frecuencia, y desde el principio, el problema de los devenires-animales del hombre. En el niño, que no cesa de atravesar tales devenires. En el fetichismo y sobre todo en el masoquismo, que no cesan de afrontar este problema. Y lo menos que se puede decir es que los psicoanalistas no han entendido nada, ni siquiera Jung, o no han querido entender. Han masacrado el devenir-animal, en el hombre y en el niño. No han visto nada. En el animal, ven un representante de las pulsiones o una representación de los padres. No ven la realidad de un devenir-animal, no ven cómo es el afecto en sí mismo, la pulsión en persona, no representa nada. No hay más pulsiones que los propios agenciamientos. En dos textos clásicos, Freud sólo ve al padre en el devenir-caballo de Hans, y Ferenczi en el devenir-gallo de Arpad. Las orejeras del caballo son el binóculo del padre, lo negro alrededor de la boca, su bigote, las coces son el ―hacer el amor‖ de los padres. Ni una palabra sobre la relación de Hans con la calle, sobre cómo le han prohibido la calle, lo que supone para el niño el espectáculo ―un caballo es noble, un caballo cegado tira, un caballo cae, un caballo es fustigado…‖ El psicoanálisis no tiene el sentido de las participaciones contra natura, ni de los agenciamientos que un niño puede montar para resolver un problema cuyas salidas le han sido cerradas: un plan, no un fantasma. De igual modo, no se dirían tantas tonterías sobre el dolor, la humillación y la angustia en el masoquismo, si se viese que son los devenires-animales los que lo rigen, y no a la inversa. Para conseguir la más elevada Naturaleza siempre se necesitan aparatos, herramientas, artefactos, siempre se necesitan artificios y obligaciones. Pues hay que anular los órganos, en cierto sentido encerrarlos, para que sus elementos liberados puedan entrar en nuevas relaciones de las que derivan el devenir-animal y la circulación de afectos en el seno del agenciamiento maquínico. Así, ya lo hemos visto en otra parte, la máscara, la brida, el freno, la funda de pene en el Equus eróticus: el agenciamiento del devenir-caballo es de tal naturaleza que, paradójicamente, el hombre va a domar sus propias fuerzas ―instintivas‖, mientras que el animal le transmite fuerzas “adquiridas”. Inversión, participación contra natura. Y las botas de la femme-maîtresse tienen por función anular la pierna como órgano humano, y poner los elementos de la pierna en una relación adecuada al conjunto del agenciamiento: ―de esta manera ya no serán las piernas femeninas las que me harán efecto…‖(23). Ahora bien, para interrumpir un devenir-animal, basta precisamente con extraer de él un segmento, con abstraer de él un momento, con no tener en cuenta las velocidades y las lentitudes internas, con detener la circulación de los afectos. Entonces ya sólo hay semejanzas imaginarias entre términos, o analogías simbólicas entre relaciones. Tal segmento remitirá al padre, tal relación de movimiento y de reposo remitirá a la escena primitiva, etc. Aun así hay que reconocer que el psicoanálisis no es suficiente para provocar esa interrupción. Tan sólo desarrolla un riesgo incluido en el devenir. El riesgo de estar siempre ―haciendo‖ el animal, el animal doméstico edípico, Miller haciendo guau guau y reclamando un hueso, Fitzgerald lamiéndoos la mano, Slepiam volviendo a su madre, o el viejo haciendo el caballo o el perro en una postal erótica de 1900 (y ―”hacer” el animal salvaje no sería mejor). Los devenires animales no cesan de atravesar esos peligros.

Get your shovel, 29,99 <3

Tenemos todo para solucionar la partida.

  1. Sobreproducimos alimentos.
  2. Tenemos IA capaz de ejercer eficientemente la mayoría de los oficios o carreras existentes.
  3.  La desaceleración es posible.

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Improvisar un cómo #001

Prácticas lúdico-progresistas para la vida cotidiana mientras la rat race acontece.

E. Llegó diciendo que Paul Celán dijo una vez que <<la poesía no se impone, se expone>>. No soy alguien nostálgico que rememore o reviva instantes. 

Desde entonces, uso la oración como un fractal para arrojarme a impresiones sin habitar. La experiencia como recorrido, y la sentencia como un filtro que arroja posibilidades. 

“La poesía no se impone, se expone.”, donde, podemos quitar poesía e insertar X.
X puede ser lo que sea, a mí, en lo personal, cuando ando flojo de ideas y economizo el lenguaje, me gusta sustituir X con lo que termine construyendo el contenido de mi deseo.

(El) La ___X_____ no se impone, se expone.

(El)La _________ no se impone, se expone.

Lo que termine construyendo el contenido de tu deseo, puede ser, si estas buscando hacer más amigos, por ejemplo, la amistad.

La amistad no se impone, se expone.

Y podemos poner cada palabra, o concepto que nos intrigue ahí dentro, stá sabroso.

La erótica no se impone, se expone.

La revolución no se impone, se expone.

La vida no se impone, se expone.

Digo, que es un fractal de entre muchos otros tantos posibles y al final, todo con moderación, caute, dice Spinoza. Librar el recorrido implica leer el arte de las distancias.

 

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Sobre volar puentes

Por quién doblan las campanas, ha estado arribando repentinamente y en espasmos a mi memoria desde hace días. Soy Roberto Jordan contemplando el mundo, recibiendo órdenes de un imbécil burocratizado que me dicta  instrucciones de mi gran destino, la muerte. Toda novela es un artefacto político, y toda novela es un retrato del deseo, son sentencias que escuché hoy en la mañana, mientras tomaba café. Sin duda los escritores son más interesantes escribiendo que cuando hablan, por eso nadie los escucha.  

Confía en los dioses, pero no esperes nada de ellos, y Roberto sabe.

Que va a morir. Lo disfruta porque sabe leer. La verdad absoluta. El deseo de Hemingway era morir en combate, -lo buscó toda su vida- que no es lo mismo que morir combatiendo. Respiro profundo el aire nebuloso y azulado de entre las verdes colinas a mi alrededor mientras me alucino con una escopeta colgada al hombro. Matando a un extraño, o siendo asesinado a la distancia, como liebre de monte. Desconfío de la mayoría de los afectos alrededor de mí, tan ficciones como lo es una ciudad, con sus tonos grises y sus escritorios saturando verticalmente el horizonte. Una rata que corre en su rueda para sentir ser liebre. La poética como lo más próximo a un destino. Que me maten o volar un puente. Morir o morir en el camino.

Cuando se vuela un puente no hay escape. Se interrumpe el flujo de contenidos que transitaban en él. La obstrucción se hace inminente. Cuando se vuela un puente, es porque el beneficiado quiere beneficiarse más, o el sometido está buscando dejar de serlo.
Roberto llega a las montañas guiado por un viejo guerrillero de la villa. Gitanos haciendo de centinela entre las filas a las que se integra claramente no es el porte del bando hegemónico.
Un puente no es magia, pero la transporta. Lo mismo con el placer y la muerte. Respirar profundo y arrebatar al cuerpo de la continuidad que no dibuja ni posibilita ningúna propiedad deseable. Usar la vida como plataforma,  el afecto como artificio; devenir muerte, devenir conquista.

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Derrota, de Khalil Gibran

DERROTA, mi derrota, mi soledad y mi aislamiento.
Eres para mí más querida que un millar de triunfos, y más dulce a mi corazón que toda la gloria del mundo.
DERROTA, mi derrota, mi conocimiento de mi mismo; y mí Desafío;
por ti sé que aún soy joven y de pies ligeros,
y desdeñoso de los laureles que se marchitan.

Y en ti encontré la soledad
y la alegría de ser ignorado y despreciado.
DERROTA, mi derrota, mi espada brillante y mi escudo;
en tus ojos he leído que ser entronizado es ser esclavizado,
y ser comprendido es ser rebajado,
y ser entendido significa alcanzar la plenitud,
y como un fruto maduro, caer y ser devorado.

DERROTA, mi derrota, mi audaz compañera,
tú escucharás mis cantos, mis gritos y silencios,
y nadie sino tú me hablará de batir de alas,
y de la agitación de los mares,
y de las montañas que arden en la noche,
y sólo tú escalarás las rocas y peñascos de mi alma.

DERROTA, mi derrota, valor que nunca muere;
tú y yo reiremos juntos en la tempestad,
y juntos cavaremos las tumbas para todo lo que muere en nosotros
y permaneceremos de pie al sol con una voluntad indomable.
Y seremos peligrosos.

Michel Onfray, sobre Epícuro y el Tetrafármakon:

Reducido al modo de una salsa largamente cocinada, el pensamiento de Epicuro se resume a veces, y probablemente a menudo, en estas cuatro tesis:

1) no hay nada que temer de los dioses;
2) ni de la muerte;
3) se puede soportar el dolor; y
4) lograr la felicidad.

De suerte que, después de esta síntesis extrema, se puede volver al análisis que permite abordar el pensamiento de Epicuro -y personalmente me decanto por este otro orden- como construido alrededor de una física ética

1), un ateísmo tranquilo
2), una algodicea pagana
3) y un ascetismo hedonista
4) ¿Objetivo declarado? Vivir como un dios entre los hombres…

Fuente: Anagrama Editorial, Páginas 183-184, Contrahistoria de la filosofía I: Las sabidurías de la antigüedad.

LA MALDAD NACE DE LA SUPRESIÓN HIPÓCRITA DEL GOZO

<< jois e Jovens n’es trichaire
e Malvestatz eis d’aqui.>>
Marcabrú

 

Una cucaracha recorre el jardín húmedo
de mi chambre y circula por entre las botellas vacías:
la miro a los ojos y veo tus dos ojos
azules, madre mía.
Y canta, cantas por las noches parecida a la locura,

velas

con tu maldición para que no me caiga dormido, para que no me olvide
y esté despierto para siempre frente a tus dos ojos,
madre mía

 

Leopoldo María Panero, este poema forma parte de Narciso en el acorde último de las flautas. Btw, encontrado also en Poesía Completa.

EVE

A Mercedes, por el hilo que la une al secreto


Porque hiciste mi gesto eterno supe
que eras la muerte: porque ella sólo podía
amarme si no había

hombres para mí, vivos:

sólo ella

podía amarme; y supe también que tú eras

la Muerte, y que me amabas.
El rostro de la Humanidad era
para mí el de nadie: como para ella,
como para ti: eres negra y no quieres
nada de lo que vive y no sabe
hasta morir que te desea.

Y vi, a través de ti, cómo surgían

y surgen cabezas de la tierra helada:
cabezas, yelmos, corazas, espadas
es el fruto que cosecha la tierra en este año
que tanto recuerda al último, al siguiente,
y me amaste porque ya lo veía, porque
veía crecer ya en el huerto o el fruto
monstruoso que incorporaba en sí
todo dolor e injusticia y desastre
y me dijiste: <<he aquí mi primer hijo
yo que nada sabía del ridículo
acto de nacer!>>. Y agregaste:
<<Éste reirá de todo,
y lo encenegará todo con
el veneno de su risa mortal:

cuando no haya nadie

que recuerde cómo se reía, éste reirá.>>
Y te reíste de mí, como mi madre
al ver que yo había nacido de ella.

Tan inmenso

era el frío en las ciudades
que algunos sabían que no era locura
ni es, creer que caerán –sobre mí
o seré yo el que caiga al morir sobre tu cuerpo.

Pero en el frío crecían

seguían creciendo –la peor de las alfombras
de césped– los huesos y la carne de soldados
que crecían sobre la tierra helada. Y me dijiste:
<<ellos no tendrán miedo, porque están
muertos, lo mismo que tú me amas,

a mí que soy negra

como la vida, e hice una piedra de tu gesto>>.
Y los muertos brotaban sobre la tierra helada
–cabezas, yelmos, corazas y espadas
porque la Muerte se había hecho vida.

Y pregunté

–te pregunté entonces–: <<Será mi alma
buen alimento para perros?>> y contestaste: <<no esperes
que ella sirva para otra cosa: fue creada
y pensada lo mismo que tu cuerpo y huesos para
nutrición de los perros finales –lo mismo
que tu palabra>>. <<Y ¿nada he de esperar?>> <<Nada.>>.
y vi cómo espadas y corazas y yelmos
crecían sobre el campo más yermo
Y me olvidé.


Leopoldo María Panero, este poema forma parte de Narciso en el acorde último de las flautas. Btw, encontrado also en Poesía Completa.

Nocturno

¿Cuántos sancudos me tienen que picar para que se convierta en psicodelia? Sé que soy fuerte, pero un zumbido  insidioso me susurra que es la juventud. Pues ya qué vergas. Cierro los ojos y vislumbro un televisor cuadrado con pantalla curva y de cristal que proyecta un niño canadiense full abrigado restregándose en el suelo, sigo intentando conciliar el sueño y me muevo de un lado a otro, mi pobre angelito or that shit; ángeles de sudor sobre mis sábanas. I was looking for a job and then i found a job…

1 AM, han pasado quince minutos y mis ojos tiemblan mientras procuro mantenerlos cerrados para que la oscuridad prolongada corte el flujo de mi conciencia. Estoy listo pa’ morir, pero pa’ amar soy joven, no me importaría no despertar.

Quizá la pesadez se debe a que sigo ensimismado en su presencia. Mi mente supone lo que mi cuerpo afirma. Ayer hablamos hasta las tres de la mañana, y escuchar su voz me relajó tanto que mis párpados ya pesaban como bloques desde cuatro horas antes.

El inicio fue abrupto; fatalidad y llanto. Una vez descargada la tensión, nos pusimos al corriente sobre nuestras vidas. Recordé el efecto opioide de sentir su peso abultado sobre mi pecho.

Calma de ruido blanco desplaza toda posible trama o sospecha.

Tranquilidad.

Flashbacks de mi voluntad sobre revolucionada para mantener carnosa una erección cotidiana. No sé del resto, pero al menos en mi cuerpo, la erección es deseo en circulación. Nada más fijo que algo seguro en el mundo, la idea de el mismo amor como ancla afectiva a la N [1] potencia, parece presuponer también el mismo cuerpo, Jean Luc Nancy lo ha advertido todo al respecto; la moral está encarnada y la monogamia puede ser un artilugio tan deseable como un piercing en el pezón. Hacer una representación de lo mismo cada vez me parece acorralador y asfixiante. Horror. La idea de pesadilla. Taquicardia de sólo escribirlo.

Mi calor no es certeza de nada en el mundo.

2:30, Las certezas entonces me ponen flácido. Desconozco si fue la literatura quien me ayudó a desarrollar tal malformidad. Sólo encuentro placentero el almorzar con Waffles y miel de maple una vez que me encuentro como ahora -abatido y sin respuestas- durante un periodo prolongado.

Me he desvelado casi toda mi vida.

3 AM, Me da gracia cuando alguien pinta un 6 6 6 en el barrio, yo canto lalalá, nunca me entenderán. Desde hace ya algunos años entiendo en mi cuerpo y acciones la búsqueda de un tabula rasa. Ahora, el pizarrón escribe; Mata a la cabeza, lo real es aburrido, y lo que salga del pizarrón que escribe al menos es potencial fuga del mundo ya semiotizado. Prefiero enamorar al mayordomo para descubrir meses después que nuestra relación era zoofilia y el millonario era él. Volver general a mi caballo, buscar molinos para estamparme. Todo menos preocuparme sobre qué pedir por Rappi apoltronados frente al streaming, repegados entre el ruido blanco de nuestras disociaciones cognitivas. Que revisen mi celular mientras duermo. Ni siquiera yo sé quién soy.

Mi cuerpo se relaja y comienza a proyectar imágenes. Estoy frente a una atractiva y joven reclutadora de RH en lo que parece ser una sala de juntas en el piso intermedio de un rascacielos atiborrado de cubículos. Cientos de pisos. Cientos de cubículos por cada piso. Millones humanos hablando con otros desde sus cubículos.

Yo: ¿Mi más luminoso deseo, dice?

RH: (sin parpadear, asiente detrás del cubrebocas mientras sostiene un plumón frente al currículum rayoneado.)

Yo: Traicionar todo espejismo de identidad. Sodomizar el a priori. Lo luminoso no existe. Desvanecer el signo, que nos mantiene fuera y bajo su hechizo.

Un zancudo vuela alrededor de mi oído y el edificio entero desaparece. La conciencia de sábanas vuelve a mi cuerpo.

Me encantaría poder dormir. No me puedo masturbar, necesito el dinero.

5 AM,                                     hora de dormir.

[1] El color azul como representación del orden en que bajamos el placer al cuerpo; de lo ideal a lo material. ¿Se han fijado que Inditex nos viste en cada rincón del planeta? ¿Si todos compramos la misma camisa todos tenemos el mismo deseo?.

____

“Tu madre qué es, ¿un paisaje o un rostro? ¿Un rostro o una fábrica?”

-Godard.

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