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Garage de textos

Volvamos a Leibniz y besémoslo con Spinoza.
Hoy en particular me desperté con una ambivalencia más marcada de lo habitual. No soy terrorista porque me cuesta trabajo apostar por voliciones fuera de mí. Escribo desde el desierto. Donde sólo nos observa el sol y el crimen. Hoy moví a un gatito bebé agonizante a la orilla de la avenida pero no puedo decir que lo haya rescatado, sólo que prolongué su muerte. Lo miré a los ojos. Lo escuché maullar. Lo recosté a la sombra en una banqueta y seguí mi camino. Al menos en mi cuerpo lo sublime del acontecimiento se encuentra anclado a la profundidad eterna del vacío.
Hoy los detesto a todos. Me dan asco. Son unas putas. Todos ustedes. Estoy transcribiendo a mano el capítulo completo de Mil Mesetas Micropolítica y segmentaridad, porque espero no detestarlos a todos para siempre. Porque detesto la imbecilidad y hacer actos imbéciles como este me parece lo más próximo a una propuesta. Porque transcribir un texto ajeno es placer. Porque leer no es suficiente. Porque estamos a favor de la pirateria, y que las ideas circulen, porque para eso existen, más allá del mercado, con todo el respeto que se merecen D&G, y su respectivo traductor al español, José Vazquez Pérez, y la editorial Pre-textos -Pero sólo si respetan mi causa, o lo que sea que esté haciendo-. De lo contrario, retiro lo dicho y sólo adjunto el línk del capítulo que estoy transcribiendo en tiempo real, porque si el fin del mundo aconteciera ahora mismo, también lo veríamos en streaming. Claramente tenía menos de tres meses en el mundo, los ojos azules y la espalda destrozada, cuando regresé por él para llevarlo a sacrificar ya no estaba. No iba a sobrevivir. Espero a donde vaya no exista el asfalto. En este mundo la incertidumbre es un sentimiento mayormente triste pero sobretodo productivo.
Mil Mesetas completo tras dar click aquí

La democratización del acceso a la lectura hoy en día es algo que me preocupa brutalmente. Vendría bien articular dispositivos que faciliten el acceso a los textos de acuerdo a los términos materiales. El libro no es realista en términos del presente. Es inaccesible. Desafortunadamente obsoletizado, así de feo como suena. Obsoletizado.
Suponiendo que la mayoría de los lectores ideales tienen a su disposición el propio cuerpo como herramienta, el cuerpo ideal de hoy en día está acostumbrado a rodearse de herramientas, a manera de filtro sensitivo. Un libro jamás, o muy excepcionalmente, será una herramienta. Pues las herramientas entre sus significados raíz, se encuentran al servicio del trabajo; en el trabajo no se cuestiona, sólo se ejerce. Dentro de un mundo desvalanceado las herramientas lo que se dedican a mantener es a las condiciones de esclavitud. Por definición. El libro no pertenece a la órbita de las herramientas, sería reducir e ignorar significativamente los planos en los que habita, las posibilidades que el lenguaje tiene para montar y desmontar elementos tan múltiples de la realidad externa y metafísica, nos permiten traer a lo propio lo que considerábamos afuera. Aprender, en todo caso, es escuchar lo extraño hasta entenderlo.

No decimos lógica de las pasiones, pues de lo que hablamos no comparte las propiedades del mundo de la lógica más allá del lenguaje como plataforma descriptiva. Ni hablar de crítica.
Dejamos de considerar al cuerpo envuelto en el gran discurso y llamarlo ser para volver a lo mínimo. Al adentro. A donde el tiempo existe solo como pulsión de vida inminente a través de la circulación, certeza innegable del propio cuerpo, su respiración, su pulso, su estar.
¿Para qué querríamos la verdad cuando lo que podemos hacer es alterar la realidad desde lo mínimo?
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El ser humano contemporáneo es totalmente somático. Responde a estímulos. En la mayoría de los casos, podríamos decir, se encuentra anclado a ellos. Los recuerdos, más que los sucesos, son pedacitos de ficción en los que nos volvemos a sumergir cada que habitamos esa memoria. Son intervenibles. Nietzsche propone la perspectiva del niño para afrontarlos. Panero, la locura. Yo, la imbecilidad. Producirla, dejarla que rebase y vuele por sobre todo lo que existe, como una espora anterior al lenguaje. Una imbecilidad predatoria de imbecilidades estériles: la síntesis última de todas las imbecilidades. En la vida y en los sueños lanzarte contra los miedos te hace despertar.
El hilo compartido que entrelaza sueño y realidad es donde edificaremos nuestra torre, y una vez adentro patearemos la escalera.


El primer principio de esta realidad y el único que importa es saber romper todos los principios posteriores, y así hasta llegar al principio de principios, y romperlo también.
Disfrutar del clima en el desierto de lo real.
Una vez más, es el poder de sustituir un órgano con otro, de articular el espacio y el tiempo, la vista y la voz, la mano y el espíritu, es esta facltad de suplementaridad el verdadero “origen” -o no origen- de las lenguas; la articulación en general como articulación de la naturaleza y de la convención de la naturaleza y de todos sus otros.
Derrida, p 304, de la gramatología, Siglo XXI.
Para Derrida la suplementareidad nunca es origen puro. -Nada más suplementario que el lenguaje- Todo se produce partiendo de una escisión que posibilita el injerto, la articulación, el reemplazo. El lenguaje no es un nucleo en sí mismo. Es producción, sustitución, desplazamiento. Es en el lenguaje donde se puede hacer el llamamiento a distintos órganos y sentidos, donde el significante se difiere en el receptor a través de la escucha, la vista, la voz, el olfato, el tacto, el espíritu… Pero el significado, tras el llamamiento o el encuentro, siempre se mostrará diferido y dispuesto a disolverse.

El olfato es el más isomorfico de los sentidos
El signo mudo es signo de libertad cuando expresa dentro de la inmediatez; entonces lo que expresa y quien se expresa a través suyo están propiamente presentes. No hay ni rodeo ni anonimato. El signo mudo significa la esclavitud cuando la mediatez re-presentativa ha invadido todo el sistema de la significación: entonces a través de la circulación y las referencias infinitas, de signo a signo y de representante a representante, lo propio de la presencia ya no tiene lugar: nadie está allí para nadie, ni siquiera para sí; ya no se puede disponer del sentido, ya no se lo puede detener, es arrastrado en un movimiento sin fin de significación. El sistema del signo no tiene afuera.
De la gramatología, Derrida. P294-295, en Siglo XXI.
La escritura no existe, es un imposible. Lo que existe es la modesta observación del reflejo propio en el lenguaje. No sé cuantos otros caben en esta habitación.